jueves, 14 de agosto de 2014

LA EDUCACIÓN VERSUS NACIONALISMOS
«En muchos países y para muchos de sus habitantes, el nacionalismo es una fe cínica de la que sus creyentes rara vez son conscientes» («The Substitutes for Religion», Proper Studies (1917).

¿Y Huxley qué opinaba del nacionalismo? El siguiente artículo aparecido en ABC en marzo del presente: «De Camba a De Gaulle, pasando por Huxley y Unamuno: intelectuales contra el nacionalismo», cita una de las escasas o casi inexistentes opiniones de nuestro visionario autor acerca de los nacionalismos, que no por ello
deja de ser interesante: «Tanto el capitalismo como el nacionalismo son frutos de la obsesión por el poder, el éxito y la posición social», recogido de su ensayo "Ends and Means" (1937). Pero la verdad sea dicha, Huxley no dedicó excesiva importancia al concepto "nacionalismo", para él algo absolutamente caduco y desfasado. Huxley iba unos peldaños por delante, a la búsqueda de la utopía buena, de la verdadera, la que, según él, sólo reside en el Anarquismo; es decir, en la extinción de la casta política y de cualquier signo de poder, aspiración que se puede lograr mediante la educación y el humanismo. Léase su ensayo "Education on the Nonverbal level" (1963). Pero por desgracia, como ha ocurrido, en buena medida, con otra filosofía, la del cristianismo, el anarquismo ha sido liderado por políticos, no por filósofos ni humanistas, y, por ende, tanto el propio término como la filosofía han sido corrompidos por líderes ansiosos de poder a cualquier precio. Para muchos, desgraciadamente, hoy día el término 'anarquismo' es sinónimo de 'violencia' o 'caos'. Ideas muy alejadas de
l verdadero origen y fin de una filosofía del pacifismo que sólo puede dar fruto en un mundo sin líderes, sin políticos, sino con seres humanos, formados en el humanismo que únicamente nace de la educación. Huxley interpretó el anarquismo como lo que realmente era, pacifismo. Y un verdadero anarquista, por tanto pacifista, no puede aceptar ninguna versión de 'nacionalismo', porque la guerra no sólo se hace arrojando bombas, también se hace arrojando a unos ciudadanos contra otros. En una se destruyen ciudades enteras, en la otra se crea una fractura social. El nacionalismo existe mientras sigan existiendo los políticos y haya confiados ciudadanos que los suban al poder. Huxley sencillamente despreciaba los nacionalismos tanto como a los mediocres políticos que sólo existen gracias a la fractura social que crean. ¿Cómo no iba a despreciar el nacionalismo si no creía en el concepto de nación? Según Huxley, la verdadera y buena 'utopía' llegará cuando no existan fronteras ni países, sino un país único, de todos, un mundo de seres humanos viviendo de una vez en paz. En su artículo "What Are you Going to Do about it? The Case for


Constructive Peace" (1936) nos da una idea de la importancia de la educación y los valores culturales para elevar el sentido espiritual del ser humano y, dicho sea de paso, para liberarnos de la falacia política. Estamos aún a tiempo de  hacer de la educación nuestra mejor bandera, para no seguir subyugados, como adocenados esclavos, al poder político: "Un estado totalitario realmente eficaz sería aquel en el que el todopoderoso ejecutivo de los jefes políticos y su ejército de dirigentes controlen una población de esclavos que no ha de ser coaccionada, puesto que ama su servidumbre" (Prólogo a Un mundo feliz, 1946). Su novela Ciego en Gaza (1936) expone brillantemente la falacia nacionalista: "The nationalistic radicals had their way, with the consequences that we all know, Bolshevism, Fascism, inflation, depression, Hitler, the Second World War, the ruin of Europe and all but universal famine".

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada